Nicaragua

Madre, que dar pudiste de tu vientre pequeño

tantas rubias bellezas y tropical tesoro,

tanto lago de azures, tanta rosa de oro,

tanta paloma dulce, tanto tigre zahareño.



Yo te ofrezco el acero en que forjé mi empeño,

la caja de armonía que guarda mi tesoro,

la peaña de diamantes del ídolo que adoro

y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño.


Rubén Darío (1889).



Anidando en el porche

Anidando en el porche
dzu2012

miércoles, 27 de agosto de 2008

Clima, moda y salud

Doraldina Zeledón Úbeda

Vivimos en un país tropical, donde los rayos del sol nos llegan perpendicularmente. Si a esto le sumamos la disminución de las concentraciones de ozono en la estratosfera, que permiten una mayor radiación de los rayos ultravioleta a la superficie de la Tierra, el problema se agrava. “Los rayos del sol dañan la piel, crean condiciones para su enfermedad y aumentan las arrugas prematuras”, advierten los especialistas. Y entre más exposición, más probabilidades de tener enfermedades de la piel; inclusive, los rayos ultravioleta se sabe que son un factor considerable en la aparición del cáncer de piel y de otros problemas para el medio ambiente y la salud.

Y, por no atender las orientaciones, sufrimos las consecuencias de la exposición al sol. Usar manga larga y sombrilla nos parece exagerado, y no digamos sombrero. Sin embargo, muchos problemas de la piel se dan por exposición a los rayos solares sin protegerse, aunque sus efectos no siempre se vean inmediatamente. Y, a pesar de que se dice que el sol afecta más a las personas de piel blanca, las morenas también sufren las consecuencias; pero la moda, el miedo a no hacer el ridículo y el alto costo de los productos antisolares nos llevan a problemas de la piel que significan más gastos en la salud, cuando se pueden comprar, y más problemas cuando el salario mínimo se devalúa al máximo. También nos hace falta educación para la salud.

Los dermatólogos recomiendan evitar la exposición directa, especialmente en horas cuando el sol es más intenso y los rayos más perpendiculares, entre las diez de la mañana a las tres o cuatro de la tarde. Pero si el trabajo obliga a estar afuera, exponiéndose al sol, hay que usar ropa que proteja: camisas con mangas largas y con cuellos, pantalones largos y sombreros. Sin embargo, debido al calor, no usamos mangas largas, y como el sombrero no es parte de la moda, tampoco lo usamos, cuando deberían ser un una pieza más, tanto del vestuario como de instrumentos de protección personal en el trabajo; por ejemplo, en el campo, la construcción, el transporte, las ventas ambulantes o estacionarias a la intemperie. Y se recomienda el sombrero, no la gorra, pues ésta no cubre el cuello ni las orejas. Sería saludable incluir en el diseño de modas el sombrero y la manga larga. Un caso muy particular es el de algunos taxistas que han implementado el uso de mangas para protegerse del sol. Son un ejemplo de que se debe seguir la lógica que impone el clima y no la moda 0 de que la moda siga la lógica del clima.

Los dermatólogos orientan también el uso de crema protectora solar o bloqueador solar, inclusive en los días nublados; y las personas más sensibles al sol deben usarlo aunque permanezcan en la sombra, pues los reflejos también pueden afectar. Y en este clima intenso que nos hace sudar tanto, el antisolar se va con el sudor, por lo que se hace necesaria más de una aplicación, dicen. Y esto no debería ser un lujo, sino una necesidad, pero el alto costo lo hace un producto inaccesible. En nuestro empobrecido país, hasta el gallopinto y el pinol son un lujo, no digamos los antisolares, por eso valdría la pena acatar las sugerencias de usar ropa adecuada.

Para los niños y niñas expuestos constantemente al sol por los juegos, deberían ser exigidas las cremas antisolares, y para los deportistas. Dirán que en donde hay hambre y hace falta una pastilla para el dolor, hablar de esto es locura. Que quienes aguantan el sol en los semáforos, si no se asolean no comen, y menos que puedan comprar antisolares. Cierto, creo que es la verdad más absoluta, pero la solución es tarea del Estado. Los protectores solares no son producto de belleza ni de lujo, son una necesidad. Y no es exageración, si no preguntemos cuántas personas de todas las edades tienen problemas en la piel a causa del sol. Una persona propensa a estos problemas si se expone al sol sin protegerse es como una que padezca de la presión y se exponga al calor intenso sin ningún tipo de tratamiento.

Por lo anterior, las cremas antisolares se deberían incluir en la lista de medicamentos básicos. Cuánto se ahorraría en salud si se previenen las enfermedades de la piel por exposición al sol. Inclusive los antejos protectores de rayos ultravioletas deberían ser parte de la lista de productos básicos para la salud de las personas que constantemente están expuestas al sol, como los conductores.

La moda debería guiarse por la lógica del clima para proteger la salud; sin embargo, en nuestro país se hace lo contrario: en un clima tan caluroso, se usa saco y corbata. Esto conlleva gasto de energía en aires acondicionados, para poder soportar el ropaje, pero si se deja a un lado, se podría ahorrar esa energía, que tanta falta hace; y, el dinero que implica el ahorro podría servir para subsidiar los protectores solares y agregarlos a la lista de medicamentos básicos. Además, sería una forma sencilla y real ante la problemática del cambio climático.

El Nuevo Diario Managua, Nicaragua - Sábado 05 de Mayo de 2007 .

La educación ambiental también compete a las empresas

Doraldina Zeledón Úbeda

La educación ambiental es un proceso que se desarrolla a lo largo de nuestra vida, por tanto, implica más que una tarea de instituciones académicas. Es responsabilidad de todas las instituciones nacionales y locales, empresas, organizaciones, sindicatos e iglesias, por varias razones: primero, por mandato constitucional tenemos derecho a habitar en un ambiente saludable, y como cada derecho implica un deber, para gozar de ese derecho, debemos proteger el medio ambiente. Segundo, nadie puede vivir sin los recursos naturales, por tanto, tenemos que conservarlos para poder utilizarlos. Y tercero, toda intervención en el medio ambiente conlleva impactos, nuestras actividades de una u otra forma afectan.

Desde 1972, en la Declaración de Estocolmo, se dejó clara la responsabilidad compartida: “Para llegar a esta meta será menester que ciudadanos y comunidades, empresas e instituciones, en todos los planos, acepten las responsabilidades que les incumben, y que todos ellos participen equitativamente en la labor común. Hombres de toda condición y organizaciones de diferente índole plasmarán, con la aportación de sus propios valores y la suma de sus actividades, el medio ambiente del futuro…”

Algunas instituciones podrían decir que tienen proyectos para proteger el medio ambiente o que financian actividades. Cierto. Y contribuyen. Habría que ver si con la práctica interna lo protegen; por ejemplo, qué hacen para disminuir la producción de residuos, si utilizan el papel a doble cara en las impresiones o fotocopias, qué tratamiento dan a las sustancias tóxicas de los laboratorios, de la industria, si van a dar al suelo o a fuentes de agua. O con la producción de residuos electrónicos, como CD, celulares, casetes, cartuchos de tóner, baterías, etc., que contienen sustancias tóxicas y que por cierto fabricantes y distribuidores deberían asumir su recogida y tratamiento, pues “quien contamina paga”. Si racionalizan el uso de la energía, si controlan el ruido o si los parlantes en las aceras son parte de la rutina (a vista y paciencia de las autoridades “competentes”).

Entonces, para proteger el medio ambiente también debemos conocer cómo impacta nuestra propia actividad, y no sólo instalar observatorios para ver lo que hacen los demás. Para eso necesitamos formación, sensibilización y participación. No significa detener las actividades, sino hacer uso responsable de los recursos.

¿Cómo incluir la educación ambiental en estas empresas? Éstas cuentan con oficinas de capacitación para la actualización del personal. Aquí caben programas de educación ambiental sobre la problemática general del medio ambiente y formación relacionada con el impacto que causa la actividad económica o de servicios. Además, para procurar un ambiente laboral saludable, física y sicológicamente, cada empresa, cada organización, cada trabajador, debería conocer el impacto que ocasiona su actividad específica.

Por eso se habla de varios actores en la educación ambiental, y de diferentes formas: formal, no formal e informal; pero a veces esta terminología confunde. Y la nueva Ley General de Educación me vino a confundir más. En los últimos años se ha introducido el término “educación para el desarrollo sostenible”, que incluye también las perspectivas de género, niñez, derechos humanos, salud, no violencia, pueblos indígenas, lucha contra el hambre, capacidades diferentes, etc.

La erradicación de la pobreza es consustancial al trabajo medioambiental; las declaraciones internacionales hacen énfasis en ello. Entonces, las empresas e instituciones, incluyendo las educativas, también deberían contribuir más a la erradicación de la pobreza, lo cual incluye empleos dignos y salarios justos, para que niños y niñas puedan ir a la escuela y no les suceda como al hijo del “tío Lucas”, que murió bajo un fardo mientras ganaba el sustento para la familia; pues “¡(...) los miserables no deben aprender a leer cuando se llora de hambre en el cuartucho!” (Rubén Darío, en El Fardo).

Sin embargo, ante el compromiso de erradicar la pobreza, a veces pareciera que el interés no está ni en el medio ambiente ni en la preocupación por los pobres, sino en dar una buena imagen y no perder la credibilidad ante ellos y ante los “sistemas democráticos”, quizás esto equivalga al temor de perder votos. Veamos el principio 15 de la Declaración de Johannesburgo: “Corremos el riesgo de que estas disparidades mundiales se vuelvan permanentes y, si no actuamos de manera que cambiemos radicalmente sus vidas, los pobres del mundo pueden perder la fe en sus representantes y en los sistemas democráticos que nos hemos comprometido a defender, y empezar a pensar que sus representantes no hacen más que promesas vanas”.

Por todo lo anterior, vale la pena enfatizar en lo que no es educación ambiental: no es un recurso político-partidario para hacer promesas verdes y ganar adeptos. Al final, esas promesas nunca madurarán. No es una publicidad para consolidar la imagen. Ciertamente la puede consolidar, pero si se queda en el discurso, el público construirá su imagen. Ni es una declaración más. No es una moda a la que se insertan las instituciones para estar in (u online). No es un cúmulo de actividades inconexas durante las efemérides ambientales. No es una oficina para cumplir con asignaciones burocráticas. Tampoco es una asignatura que se aprueba, ni una carrera más.

El Nuevo Diario. Managua, Nicaragua - Lunes 22 de Enero de 2007

Huella ecológica: nuestro impacto sobre el planeta

Doraldina Zeledón Úbeda

“Las personas están convirtiendo los recursos en desechos más rápido de lo que la naturaleza puede convertir los desechos en recursos”, según el Informe Planeta Vivo 2006 que WWF, organización mundial de la conservación, publicó recientemente.

El Informe se basa en dos indicadores: el Índice Planeta Vivo, que refleja el cambio de la biodiversidad de los ecosistemas, y la Huella Ecológica, que muestra el grado de demanda humana sobre esos ecosistemas; es decir, nuestro impacto en el consumo de recursos y en la producción de residuos.Este impacto se mide por área productiva de tierra y mar necesaria para proporcionar los recursos y para absorber desechos.

La huella de un país incluye las tierras agropecuarias, de pastoreo, bosques y zonas pesqueras, requeridas para producir alimentos, absorber los desechos y para espacio de infraestructura.Según el Informe, estamos utilizando los recursos del planeta más rápido de lo que éstos se pueden renovar; nuestra huella ecológica se ha triplicado desde 1961. Hemos consumido tanto, que al 2003 hemos excedido la biocapacidad de la Tierra en un 25%, comparado con 1980.

El otro parámetro, el Índice Planeta Vivo, mide la biodiversidad basado en tendencias de más de 3,600 poblaciones de 1,300 especies de vertebrados en el mundo. Analizaron los datos de 695 especies terrestres, 344 especies de agua dulce y 274 especies marinas. Las especies terrestres disminuyeron en 31%; las de agua dulce, en 28%; y las marinas, en 27%. El Informe muestra una pérdida rápida de la biodiversidad: las poblaciones de las especies vertebradas han disminuido en casi un tercio desde 1970.

No podemos continuar con el consumo excesivo por mucho tiempo sin agotar los recursos y sin hacer algo para que se renueven en el largo plazo, se enfatiza en el Informe. Ante esta situación, se plantean tres escenarios: transición tradicional, transición lenta y transición rápida.Un escenario en el que prevalezca un patrón de consumo tradicional moderado sugiere que a mediados de siglo, en 1050, la demanda de la humanidad sobre la naturaleza será el doble de la capacidad productiva de la biosfera. Por ejemplo, se necesitará el doble de agua, el doble de energía. Imaginemos las condiciones dentro de 45 años: sin energía, sin agua y con más calor, si no hacemos nada ahora.

En el escenario de transición lenta supone sacar gradualmente a la humanidad del exceso para el año 2100, y establecer una reserva moderada de biocapacidad para desacelerar la pérdida de biodiversidad. En el escenario de reducción rápida se supone un esfuerzo agresivo para movilizar a la humanidad fuera del exceso antes del año 2050.Suponiendo que se continúe la demanda como hasta ahora, con un escenario tradicional, este exceso pone en riesgo no sólo la pérdida de la biodiversidad, sino que también daña los ecosistemas y su habilidad de proveer los recursos y los servicios necesarios. La alternativa es eliminar el exceso, reducir la huella global de la humanidad.

El problema está en que los países desarrollados consumen más de lo que necesitan, y en los que van prosperando, también su huella ecológica crece.El Informe plantea que se puede reducir significativamente la intensidad de la huella. Entre otras ideas señala: una mayor eficiencia energética en la industria y en el hogar, pasando por la minimización de los desechos y el incremento del reciclaje y la reutilización, hasta el uso de vehículos eficientes en el consumo de combustibles y la reducción de la distancia requerida para transportar bienes.

Se tiene que impulsar estrategias de innovación para la sustentabilidad, que promuevan la participación y estimulen el ingenio humano, donde todas las profesiones pueden contribuir en la transición hacia una sociedad sostenible. Para esto se requiere mejor formación científica en cada profesión.¿Hasta qué punto estaremos realmente conscientes en disminuir nuestra huella ecológica?, principalmente los países y personas con gran consumo. ¿Serán capaces de utilizar menos recursos, dejar de consumir sin necesidad y dejar de lanzar tantos desechos?

Ojalá que, como dice el Informe Planeta Vivo, haya innovación, y todas las personas y profesiones se unan para reducir la huella ecológica, y la que dejan los que vienen a “invertir” el orden de la naturaleza. Que se exija más respeto por el medio ambiente a los países desarrollados, cuya huella gigante se extiende hasta los países pobres donde instalan sus proyectos, explotan los recursos y depositan sus residuos, incluyendo los productos basura que exportan.“Es tiempo de hacer algunas elecciones vitales. Un cambio que mejore los estándares de vida y reduzca nuestro impacto sobre el mundo natural no será fácil. Las ciudades, las plantas de energía y los hogares que construimos ahora llevarán a la sociedad a un consumismo perjudicial más allá de nuestras vidas, o empezarán a impulsar a ésta y a las futuras generaciones hacia una vida sustentable”.

http://www.elnuevodiario.com.ni/2006/11/18/opinion/34191

Deuda ecológica y deuda externa: ¿por qué no un trueque?

Doraldina Zeledón Úbeda

Nicaragua no es un país pobre, sino empobrecido. Saqueado desde adentro y desde afuera. Ahora y desde siempre. Desde adentro por la corrupción, los megasalarios y la inoperancia de algunas autoridades y funcionarios que cobran, pero no cumplen con sus funciones. Es pobre también porque no se une ni se arma de coraje diplomático para cobrar esas deudas de las cuales es acreedora: la colonial, primera deuda ecológica. La deuda ecológica por comercio injusto. Y la deuda ecológica global: la contaminación originada por los modelos de producción y de consumo de los países industrializados, que están afectando el clima.

La deuda ecológica (Pengue, W.A. 2007. Curso Economia Ecológica) es todo lo que deben los países industrializados a los del tercer mundo, en concepto de exportaciones pagadas de forma incompleta, a precios bajos, al no tomar en cuenta todo lo que se requiere para producir: agua, suelo, nutrientes, energía. Lo mismo que por la pérdida de la biodiversidad, la contaminación y utilización del territorio para invertir y depositar residuos. Esta deuda se deriva de las llamadas “externalidades”, es decir, lo que se deja fuera en el comercio injusto, los costos reales de producción y explotación que no se han tomado en cuenta. Entonces, ¿quién debe a quién?

¿Y qué queda de la sobre explotación de los suelos y demás recursos? La deforestación, la contaminación, los suelos anémicos, las intoxicaciones, las enfermedades. La deuda ecológica que tienen es enorme. No se paga con subsidios ni con donaciones. Somos acreedores, pero estamos ahogados por las deudas que hay que honrar. ¡Y tenemos que obedecer a quienes nos deben!

La contaminación global que generan los países industrializados y consumistas, cuyas consecuencias pagan los pobres, como está sucediendo con el cambio climático, también es parte de la deuda ecológica. Digamos, la deuda ecológica global.

Los foros en los que se discuten las consecuencias del calentamiento de la Tierra deberían exigir a estos países no sólo que reduzcan la contaminación, sino que creen las condiciones necesarias en los países empobrecidos, para que los efectos climáticos no golpeen tanto. Es decir, no es pedir donaciones cuando ya se dio la catástrofe, sino crear condiciones para prevenir los desastres causados por la contaminación que generan. Ésa sería una forma civilizada, democrática y real de honrar las deudas.

Además de generar divisas para pagar la deuda externa, otra razón para aumentar la producción es la reducción de la pobreza; pero por más que se aumente la producción, el desempleo y el hambre siempre galopan, y cada vez más fuerte. Además de aumentar la producción, hace falta cobrar las deudas. Ya es hora. Creo que está llegando el inicio del fin del silencio.

Y se dice que la deuda externa se debe a que se consume más de lo que se produce y que se importa más de lo que se exporta. Es claro, además de gastar más de lo poco que nos han dejado; y además de la corrupción, participamos en un comercio injusto. Y se compara con lo que pasa en un hogar, donde se tiene que gastar según lo que se gana, de lo contrario se cae en deuda. Pero el problema es que, en el caso nacional, nos venden caro y nos compran barato, por lo tanto lo exportado no se corresponde con lo importado. Y en el caso de la familia, los trabajadores reciben bajos salarios, mientras el precio de la canasta básica se dispara cada día. Es lógico que no se ajuste y se caiga en deuda o en hambre.

Y cuando se discute el presupuesto, se hace énfasis en la necesidad de pagar la deuda externa (y la interna). No se habla de un comercio justo, sino de crear un clima propicio para la inversión. No se menciona la deuda ecológica moderna ni la colonial; ni de buscar formas para cobrarla. Digamos formas serias, jurídicas, diplomáticas. Sin embargo, éste tema irá tomando auge. Y habrá un día en que tendremos trueque de deudas, muy a pesar de quienes no se han dado cuenta o no se quieren dar cuenta de que los países pobres no son pobres, sino acreedores de ricos que no pagan.

¿Por qué no negociar deuda por deuda? Y seguiríamos siendo acreedores, pues los recursos humanos y la vida no tienen precio.

Managua, Nicaragua - Miércoles 21 de Noviembre de 2007

“Humedales sanos, gente sana”

Doraldina Zeledón Úbeda

El 2 febrero es el Día Mundial de los Humedales, en conmemoración de la firma de la Convención Internacional para la Conservación de Humedales, en 1971, en la ciudad de Ramsar, Irán; razón por la cual los espacios naturales declarados conforme la Convención, son denominados Sitios Ramsar.

Los humedales son áreas superficiales que dependen del agua, como los pantanos, manglares, zonas de las riberas y costas, islas; extensiones marinas cuya profundidad de marea baja no exceda a los seis metros.Cada año la Convención sugiere un tema para la celebración de este día. Para 2008, el tema es “Humedales sanos, gente sana”. El objetivo es destacar la relación entre los ecosistemas de humedales sanos y la salud humana, lo que pone de relieve la importancia de contar con estrategias de manejo adecuadas. Esto implica evitar la contaminación con aguas residuales industriales, agroquímicos y de la ganadería; principalmente. Lo mismo que evitar la desecación debida al exceso de extracción de agua para regadíos y represas.

Un requisito para la vida y la salud es contar con alimentos, que además sean sanos. La contribución de los humedales es fundamental, pues son ricos en flora y fauna alimenticia, como pescados, frutas, tubérculos, etc. Constituyen tierras fértiles, propicias para el cultivo de hortalizas, arroz, etc., que contribuyen a la economía local y nacional. Son filtros depuradores de agua.

También retienen los sedimentos y el agua de lluvia, por lo que contribuyen a mitigar las inundaciones y las sequías. Son de gran importancia para el mantenimiento de la diversidad biológica, ya que son hábitat de gran cantidad de plantas y animales. Por esta variedad ecológica y belleza escénica atraen el turismo y son fuente de salud mental.

Pero si las actividades productivas no son bien gestionadas, son en un peligro.Cuando estos sitios están contaminados, contaminan los alimentos y afectan la salud de animales y plantas alimenticias, y por lo tanto, la salud de las personas, que inclusive toman de sus aguas; pues a pesar de que los humedales tienen capacidad para purificarlas, esta capacidad es limitada, cuando la cantidad de residuos que reciben es mayor que su poder de purificación, y se convierten en fuente de enfermedades y en productores de alimentos contaminados, como pasa a veces con los peces y las hortalizas. Si se manejan adecuadamente, estos ecosistemas pueden ser una verdadera fuente de vida para los pobres, sobre todo de las zonas rurales y costeras.

Para la protección y uso sostenible de los humedales, Nicaragua cuenta con la Política Nacional de Humedales y la Política Centroamericana para la Conservación y Uso Racional de los Humedales, cuyo objetivo es promover mecanismos nacionales, locales y regionales para conservarlos y usarlos sosteniblemente, con equidad social y de género, respetando y potenciando los valores y prácticas culturales, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones aledañas.

También existen varios programas que tienen que ver con toxicología, calidad ambiental, áreas protegidas, biodiversidad, etc. Se puede actuar por varias vías.La Ley General de Aguas Nacionales no contempla nada específico sobre los humedales, pero se puede aplicar lo estipulado para la protección del agua. Quizás se vaya a incluir en uno de los reglamentos especiales que menciona la Ley.

La Convención Ramsar fue ratificada por Nicaragua en 1996. Tenemos ocho Sitios Ramsar: Los Guatuzos, Lago de Apanás, Sistema de Humedales de la Bahía de Bluefields, Cayos Miskitos y franja costera; deltas del Estero Real y llanos de Apacunca, Refugio de Vida Silvestre Río San Juan, San Miguelito y sistema lagunar de Tisma.Contamos con instrumentos jurídicos y administrativos. Hay que analizar qué pasa en la realidad con los humedales, para exigir su conservación y saneamiento. Y contribuir, pues no sólo es tarea del Estado.

Nuestra salud depende de la salud del ambiente y sus recursos. Y el desarrollo no sólo depende de la explotación de los recursos naturales y de la inversión para aumentar la exportación. Implica respeto a la Naturaleza y producción suficiente y sana para el consumo interno; y disminuir el desempleo y el hambre, de lo contrario podrá ser cualquier cosa, pero no desarrollo.

http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2008/01/31/opinion/69134

Gestión de árboles urbanos

Doraldina Zeledón Úbeda

En Managua hay bastantes árboles. Creo que es una de las ciudades más verdes de Nicaragua. Sin embargo, en nuestra capital, bonita por naturaleza, hace falta una gestión de lo verde. Se siembra cualquier tipo de árboles y en cualquier parte. Parece que no se les da importancia como un elemento del diseño y belleza de la cuidad. Por ejemplo, hay bulevares donde predomina el eucalipto, que requiere bastante agua, la degradación de las hojas necesita mucho tiempo, es tostado y crece alto. Entonces se mandan a desramar, como ha sucedido cerca del Mercado Roberto Huembes. En otros casos, las ramas dañadas se van cayendo solas.En las aceras se siembran algunos que crecen demasiado altos.

Además, los cables para energía eléctrica están muy bajos y parecen telaraña. Entonces hay que podar las ramas para evitar accidentes; pero se cortan de cualquier manera. Hay también en las calles, árboles frutales. Cierta vez miré, en Monseñor Lezcano, cerca de Telcor, cuando una señora se cayó. Hay aquí un árbol de nancite y las frutas caen sobre la acera. Probablemente a varias personas les ha pasado lo mismo.

También en los patios se siembra cualquier tipo de árboles. Por ejemplo, muy altos en patios pequeños son peligrosos cuando hay vientos fuertes. Si se siembran pegados a las viviendas, las raíces pueden levantar las paredes. Esto lo hacen ver los ingenieros y arquitectos. A veces están muy cerca de las tuberías para aguas residuales o potables, entonces las raíces se insertan y las obstruyen o rompen, y provocan inundaciones, como ya ha sucedido.

El Código Civil dice que los árboles grandes deben estar a tres metros de la propiedad vecina, precisamente para que no dañen las construcciones. Además, cuando tienen suficiente espacio a su alrededor, las ramas crecen sin obstáculos y si es necesario podarlos, se les puede dar forma. Reconozco que hay unos muy bien cuidados, que da gusto verlos.

Tampoco se le da importancia a los árboles que están enfermos o llenos de plagas, cerca de las viviendas o de otras plantas; así, en vez de beneficios, traen perjuicios. Hay que darles mantenimiento para evitar daños. Aquí el Instituto Forestal tiene mucho que aportar.Los árboles, ya sabemos, dan vida y embellecen el ambiente. Pero no basta con sembrarlos, hay que cuidarlos, como se cuida un cultivo de maíz o de flores. Algunos es necesario podarlos, por seguridad, como los que están cerca de los cables, o cuando las ramas están dañadas o pueden desprenderse. También los que están demasiado inclinados o socavados por la acción del agua, el viento o las actividades humanas se deberían reforzar o cortar, de lo contrario son una amenaza para los transeúntes o vecinos.

Ante esta situación, las alcaldías, los ministerios de Medio Ambiente, Forestal, institutos técnicos, universidades, etc., podrían capacitar y formar jardineros (y así también crear empleos), con orientaciones no sólo de cómo podar, sino de qué árboles sembrar en cada lugar y cómo combatir plagas y enfermedades.Junto a las leyes ambientales debería haber disposiciones administrativas que normen y faciliten la gestión de la arboleda urbana. Y junto a las campañas de forestación, orientar sobre el cuidado que necesita un árbol.

Es lo que pasa con las Áreas Protegidas; hay que cuidarlas, pero también darle alternativas a la gente de las zonas aledañas.La gestión de la arboleda urbana y el ornato de la ciudad deberían ser tomados en serio, y hacer brotar plantas que además de dar sombra, agua y purificar el aire, embellezcan el ambiente. Y los patios podrían convertirse en jardines o huertos, al menos en época de lluvia, y evitar árboles enfermos que por falta de gestión, en vez de ser útiles, causen problemas y afeen la ciudad.

A propósito, recuerdo el parque de Jinotega, de hace muchos años, era muy bonito, luego lo encontré podado casi a la raíz. Desconozco cómo está ahora. Ojalá haya vuelto a ser tan lindo y agradable como era.


El Nuevo Dirio. Managua, Nicaragua - Miércoles 10 de Octubre de 2007 -

La tragedia del pinar, es nuestra tragedia

—Doraldina Zeledón Ubeda—Managua

He seguido la tragedia de mis paisanos, los pinos. Ver un pinar rojo en una fotografía, oír las noticias: la muerte de los pinares a causa de la plaga de gorgojo, me ha dado mucha tristeza, no sólo porque «son un pulmón», no sólo por la madera para las sillas y mesas de los pobres.

Me llamó la atención lo que dijo el periodista Mario Mejía, por una emisora: «nunca había visto dos pinos juntos, nunca había visto tres pinos juntos, y ahora vi miles, pero muriéndose... «

Y yo que he visto muchos pinos juntos, que sentí el aroma de los pinos en mi niñez, que nuestro árbol de Navidad era un árbol de pino, y que lo aprendí a adornar en mi escuelita de primaria, en San Rafael del Norte; cuando escuché la noticia me dio tanta tristeza... porque son miles de pinos, miles de familiares los que se mueren, y todos morimos con ellos.

! Oh pinos, oh hermanos en tierra y ambiente,  / yo so amo! Sois dulces, sois graves,/ diríase un árbol que piensa y que siente,/  mimado de auroras, poetas y aves.

Y con ellos se muere la música, la fresca sombra, las leyendas, la piscina del río, el agua del calabazo, la yerba, y el aroma del viento que todavía llega con mis recuerdos. («Oh pinos divinos, no os puedo olvidar!»)*. Tras las rojas heridas que deja el gorgojo, va apareciendo la sombra de la muerte de los pinos, la muerte de la Madre Tierra...¿y qué hacemos?

Otro periodista dijo: ¿ y qué va a pasar con las sillas, con las mesas ... ? Pero también con las «cajas» de los muertos pobres. Porque el pino da el oxígeno, da la vida; y también acompaña a los campesinos hasta la tumba, y seguramente en el cementerio habrá un pino celador.

Entiendo la importancia material de los pinos; pero para mí, tienen algo especial. Cierto, son  madera para muebles de pobres, y también es apreciada por quienes tienen gusto: su color, su textura, dan un bonito mueble; pero tienen un valor incalculable: los pinos todavía son la tea que ilumina los hogares de los campesinos, son el mejor árbol de Navidad, son el aroma de las frescas mañanas que aún se sienten en el Norte.

Sombríos, sin oro del sol, taciturnos,* en medio de brumas glaciales y en montañas de ensueños, oh pinos nocturnos, ¡Oh pinos del norte, sois bellos también!

Si a la Tierra no se le hubiese puesto cercas, seguramente todos sabríamos valorar, desde nuestra experiencia, la belleza e importancia de la Naturaleza, y entonces todos sembraríamos árboles, pero no en el techo de la casa vecina, sino en el campo, en los solares amplios; y seguramente, se unirían a nuestro dolor por la muerte del pinar.

Ojalá que este año el Banco de Finanzas regale pinos, y financie la convalecencia del pinar. Ojalá que los pinos que subsistan a esta crisis, como subsisten los campesinos, como subsisten los niños quemados por el sol y el pavimento, tengan un foro para sensibilizar; pero sobre todo, asistencia técnica, y una mano que los cure y alimente.

*La canción de los pinos, Canto Errante, Rubén Darío, Madrid, 1907.

El Nuevo Diario. Martes 1 de Mayo de 2001 Managua, Nicaragua
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La canción de los pinos
Rubén Darío


Oh pinos, oh hermanos en tierra y ambiente,
yo os amo. Sois dulces, sois buenos, sois graves.
Diríase un árbol que piensa y que siente,
mimado de auroras, poetas y aves.
Tocó vuestra frente la alada sandalia;
habéis sido mástil, proscenio, curul,
oh pinos solares, oh pinos de Italia,
bañados de gracia, de gloria, de azul.

Sombríos, sin oro del sol, taciturnos,
en medio de brumas glaciales y en
montañas de ensueños, oh pinos nocturnos,
¡oh pinos del Norte, sois bellos también!

Con gestos de estatuas, de mimos, de actores,
tendiendo a la dulce caricia del mar,
¡oh pinos de Nápoles, rodeados de flores,
oh pinos divinos, no os puedo olvidar!
Cuando en mis errantes pasos peregrinos,
la Isla Dorada me ha dado un rincón
do soñar mis sueños, encontré los pinos,
los pinos amados de mi corazón.
Amados por tristes, por blandos, por bellos.
Por su aroma, aroma de una inmensa flor,
por su aire de monjes, sus largos cabellos,
sus savias, ruidos y nidos de amor.
¡Oh pinos antiguos que agitara el viento
de las epopeyas, amados del sol!
¡Oh líricos pinos del Renacimiento,
y de los jardines del suelo español!
Los brazos eolios se mueven el paso
del aire violento que forma al pasar
ruidos de pluma, ruidos de raso,
ruidos de agua y espumas de mar.
¡Oh noche en que trajo tu mano, Destino,
aquella amargura que aún hoy es dolor!
La luna argentaba lo negro de un pino,
y fui consolado por un ruiseñor.
Románticos somos... ¿Quién que Es, no es romántico?
Aquel que no sienta ni amor ni dolor,
aquel que no sepa de beso y de cántico,
que se ahorque de un pino: será lo mejor...
Yo, no. Yo persisto. Pretéritas normas
confirman mi anhelo, mi ser, mi existir.
¡Yo soy el amante de ensueños y formas
que viene de lejos y va al porvenir!